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"BARONG, EL GUARDIAN DEL UMBRAL"

"BARONG, EL GUARDIAN DEL UMBRAL"
 
Juan Monsalve

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   El mito original de representacion balinesa es el Barong, dragón solar, que vence a Rangda, viuda negra, bruja de las tinieblas en un drama que nunca termina. Rangda es ahuyentada a su reino de sombras para volver a reaparecer, en un combate perpetuo, entre luz y oscuridad, ying y yang. Sin un desenlace al estilo del teatro occidental, pues no tiene climax, ni fatalidad, permanece como un mito vivo que establece un equilibrio continuo en la sociedad balinesa.
 
          Las peripecias de Barong para vencer a Rangda estan narradas en sucesos mitológicos, que tejen el drama. La tensión se acrecienta con la prescencia recurrente de Rangda, lo que sostiene la atención del público. In origen, Barong es el ritual de trance que mantiene viva la religión balinesa. De origen Indio, en la mitología, Bali fue un demonio vencido por Visnú, en forma de enano, y reducido a las regiones infernales.
         
          La religión balinesa recibió influencia no solo de la cultura India, sino del extremo oriente. La forma del dragón Barong se asemeja a los dragones chinos, coreanos y japoneses; en el estudio comparativo entre el Shishi, del Japón, y el Barong, de Bali, de Oohashi Ysutomu (Shishi and Barong, A Humanbiological Approach on Trance–Inducing Animal Mask in Asia. Tokyo 1987), nos pone de presente las similitudes del trance inducido por medio de mascaras animales. En el Barong, como en el Shishi, se usan varios animales de poder representados por máscaras talladas en madera. Es común en los procedimientos shamanísticos el uso de máscaras de animales; la máscara, al ocultar el rostro, permite el vaciamiento del yo, y la invocación del espíritu aliado. Las máscaras de trance son usadas en rituales de todo el mundo, como un procedimiento para distanciar el yo personal, e invocar los espiritus tutelares.
 
          El dragón de Barong es una mezcla de diversos animales, esfinge, donde predomina: el león, el elefante, el venado, el jabalí, etc. Animales de poder, aliados, conexión con las fuerzas elementales de la naturaleza. El dragón, como animal mitico es un guardian del umbral; aparece ante una gran puerta. Los templos balineses son puertas, portales abiertos sin el travesaño superior, al aire libre, pues Bali es una isla de clima caliente. Las puertas en la arquitectura sagrada son los umbrales del conocimiento. Las Puertas del Sol, entre los Incas, o entre los tibetanos, son puertas iniciaticas, escalas del conocimiento. Entre los chinos, el dragón es el guardian de la perla. Para los indios es fuego. Extensa es la simbología del dragón, solo quiero referirme al Barong, cuya presencia causa gran respeto, pero sobre todo aprecio y ternura. Es querido por todos: por niños y grandes, jovenes y ancianos. La sintesis que hace de los opuestos contiene lo fuerte y lo suave, lo salvaje y lo dócil, y causa admiración por lo gracioso de su forma.
 
          Rangda, por otra parte, como viuda negra, tiene un aspecto atróz. De su larga lengua cuelgan las cabezas de sus víctimas. Representa la fuerza oscura, que quiere siempre transpasar el umbral que guarda Barong, para robar la perla. El equilibrio permanente entre las fuerzas opuestas, constituye el núcleo del mitema. Lo interesante, entre muchas otras cosas, es la manera particular en que la cultura balinesa figura su cosmovisión, en rituales shamanísticos de alta elaboración estética, y gran sentido escénico. La ritualidad propia del balines, es una teatralidad simbólica, donde la cortesía cumple un papel primordial. El ritualismo balinés, presente en todo su comportamiente, sujeta, y cohesióna el tejido social. La organización social es particular. El nombre de las personas no es el propio, sino el descendente, y el del rol social, y el clan. La puerta que guarda Barong esconde un tesoro, el individuo.
 
          La ritualidad adquiere en Bali la más alta teatralidad, la creación bella y estética sobre la vida misma. El arte ha sido el conductor, y el cohesionador de la sociedad balinesa. Este es un fenómeno cultural muy particular, recordemos que el Grecia antigua, los poetas son expulsados de la Republica. Lo que marginó a los artistas. Tal vez su condición de pequeña isla, Bali se ha preservado de estas influencias. Es una sociedad con una estructura social muy particular, pues la concepción del tiempo y del espacio, fundada en el hinduismo, encuentra en Bali una forma propia.
 
          El tradicional rito de Rangda y Barong, hoy día, también se representa como teatro, para espectadores, donde el trance es figurado. El teatro nace del rito, y ayuda, a su vez, a la preservación de la tradición oral, y a la difusión de su cosmología, y de su memoria cultural. La ritualidad balinesa ha generado multitud de artes que hacen prescencia en la vida cotidiana, desde las ofrendas diarias en las puertas, las entradas, los cruces; hasta las bendiciones que se piden en los altares familiares o cumunitarios. Bali es una isla de templos, donde se celebran continuamente rituales y ceremonias, según su calendario. A diferencia de otras sociedades ritualizadas, que se caracterizan por su pesadez y aburrimiento, la balinesa es ligera y alegre, simpática y graciosa, delicada y estética. La música, el gamelan, siempre acompaña los ritos, las danzas y teatros. Esta presente en la vida diaria. El balinés se caracteriza por su amplia sonrisa. Talvez, su caracter jovial y descomplicado, ha guardado los rituales del deterioro del tiempo, y ha mantenido viva su cultura y su espíritu. El arte, en Bali, no esta apartado de la sociedad, no es el mundo del entretenimiento, de la sociedad de consumo, sino parte escencial de la estructura social. La sociedad entera tiene que ver con el arte, o realiza alguna actividad artística. Es una vida simbólica, revestida de comportamientos ritualisticos, como codigos espirituales y sociales, que permanecen en la fuente original de representación, es decir, donde la representación simbólica permanece en su origen, en su fuente original.
 
          Por otra parte, el revestimiento ritualistico, dada la antiguedad de sus tradiciones, exede la forma, de modo que la sociedad balinesa ha renovado sus rituales envejecidos, en un diálogo con otras culturas. El hinduismo, sabemos, se caracteriza por su flexibilidad, aunque las costumbres ritualisticas de los brahmines exedan la historia, mostrando una capacidad de adaptación a los nuevos tiempos. Los peligros actuales vienen de otras malas influencias, tales como el consumismo, y la occidentalización de su arte y costumbres.
 
          La “teatralidad“ está presente en la vida entera, como un código de cortesía, que los diferencia y caracteriza como un pueblo amable, hospitalario y abierto. El Barong es una metáfora de la sociedad balinesa, y de sus fundamentos religiosos, nos recuerda a los Nagas, púeblos indios que emigraron por la ruta de Indonesia, representando en sus barcos las serpientes.La simpatía que despierta Barong ante todos los públicos se debe a su valentía, pero sobre todo a su ingenuidad. Como guardían del umbral, permanece en su lugar confrontándo los ataques de Rangda, quien en un momento voltea los Kris, los puñales ritualísticos contra los partidarios de Barong. La magia shamanística está presente en la cultura balinesa, en su arte, en su religión, y en la vida cotidiana. Pero también está presente la magia negra, como un componente mítico de Rangda, la fuerza oscura que opera en las tinieblas. Recordemos que Bali, fue un demonio gigante vencido por un enano, encarnación de Visnú; y que Bali, una pequeña isla, conserva la memoria mitológica de manera especial. Su ritualidad le ha permitido cultivar las artes, como en otros ejemplares momentos de la historia, donde dinastías, reinos, o comunidades enteras han hecho florecer las artes. En caso de Bali, aparece como un caso particular, pues no se trata de un florecimiento casual, sino de una tradición enraizada en su organización social y en su religión. En ésta pequeña isla se guardan antiguos secretos, ricas tradiciones que cultivan hoy. Veamos lo que nos dice Clifford Geertz, en Interpretación de las Culturas:
 
          Para ilustrar este punto consideremos una representación cultural espectacularmente teatral propia de Bali; se trata de la lucha que la terrible bruja llamada Rangda entabla en un combate ritual con un simpático monstruo llamado Barong. Representando generalmente, aunque no siempre, en ocasión de una celebración en el templo de la muerte, el drama consiste en una danza con máscaras en la cual la bruja, con la apariencia de una extragada viuda, prostituta y deboradora de niños, siempre la peste y la muerte por el país donde encuetra la oposición del monstruo, que una mezcla de desmañado oso, inocente cachorro y ensoberbesido dragón chino. Rangda está representada por un sólo Barong y es una figura horripilante. Le sobresalen los ojos de la frente como hinchados forúnculos. Sus curvados dientes se prolongan a manera de colmillos que se extienden por las mejillas y le llegan hasta el mentón. El pelo amarillento forma una enmarañada mata. Sus pechos están secos y le cuelgan cubiertos de pelo; entre ellos, cual salchichas penden ristras de tripas. La lengua roja y larga es un chorro de fuego. Y cuando baila, extiende sus blancas manos de muerto de las que sobresalen unas uñas como garras de unos veinte centímetros de largo; de cuando en cuando lanza chillidos y metálicas carcagadas. Barong, representado por dos hombres, uno delante y otro atrás, a la manera de un caballo de vaudeville, es otra cosa. Su hirsuto pelaje de perro ovejero está cubierto con gajos de oro y mica que brillan a la media luz. Va adornado con flores, plumas, espejuelos y una cómica barba hecha con cabello humano.
 
          Debemos notar en la descripción de Geertz, su sorpresa por la teatralidad balinesa y sus comparaciones con el teatro europeo, al referir el Barong como un vaudeville. Sin duda Geertz no conoce el arte escénico, y lee desde afuera el ritual balinés, sin embargo su descripción apasiona, aunque refiere los personajes ingenuamente. Veamos otra nota sobre Rangda:
 
          La fascinación que la figura de la bruja ejerce en la imaginación de los naturales de Bali sólo puede explicarse cuando se reconoce que la bruja, es no solamente una figura que inspira miedo sino que ella misma es el miedo. Las manos con sus largas uñas amenazadoras no aprezan ni desgarran a sus victimas, aunque las niñas que juegan a hacer las brujas contraen las manos para imitar tales gestos. Pero la bruja misma extiende sus brazos con los dedos contraídos hacia atrás en ese gesto que los de Bali llaman Kapar, término con el cúal designan las súbita reacción de un hombre que se cae de un árbol. .. sólo cuando vemos a la bruja asustada de sí misma y causándo también susto es posible explicar su atracción y el Pathos que la rodea cuando se entrega a su danza con el pelo revuelto, aborrecible, mostrándo sus colmillos y lanzando ocasionalmente una pavorosa carcajada. (G. Bateson y N. Mead, citados por Geertz)
 
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          Nótese la forma de indicar a Rangda como el miedo mismo, para expresar la atracción y la catarsis que le produce, temor convertido risa. Rangda, personificación del miedo, diríamos del horror mismo, representa el polo opuesto en la catarsis transformativa, propia de los rituales y representaciones originales, siendo el otro polo Barong. La transformación del horror en piedad, en la lucha entre Rangda y Barong, cumple un papel de exorcismo público, más cuando los devotos, y espectadores, son posesionados por Rangda y voltean sus cuchillos ceremoniales, Kris, contra ellos mismos. El poder de Barong sobrepone el trance de magia negra desatado por Rangda. La sociedad balinesa danza en éste filo. La brujería cumple el papel de Rangda, y Barong el de guardían del umbral mítico. A diferencia de otros dragones que tienen muchos rasgos comunes, Barong tiene una personalidad propia. Veamos lo que Geertz, entre otras muchas notas de su extenso estudio sobre Bali, nos refiere:
 
          Y, por su lado, Barong no sólo provoca risas sino que encarna el espíritu cómico de los natuales de Bali, una singular combinación de espíritu juguetón, retozón de exibicionismo, de extravagante gusto por la elegancia que junto con el miedo es quizás el motivo dominante en su vida. La constantemente repetida lucha de Rangda y Barong que termina en un inevitable empate es, pues, para los creyentes locales, tanto la formulación de una concepción religiosa general como la experiencia llena de autoridad que la justifica y hasta obliga aceptarla.
 
          Es significativo que la formulación de una concepción religiosa sea teatral, escénica. Es sabido que toda ritualidad es escénica, pues se realiza en un lugar sagrado, y unos oficiantes desempeñan un rol determinado, pero lo que es sorprendente en el caso balinés es que la concepción religiosa adopte la forma escénica para su representación. Desde éste punto de vista podríamos afirmar que la religión balinesa es una religión escénica. La sociedad entera guarda en sus costumbres simbólicas una de las fuentes originales de representación más antiguas que existen en el mundo. La cultura ha permanecido en su origen sagrado. Así, este contradice ciertas leyes sociales que damos por sentadas. El arte como cohesionador social sólo es posible si permanece sagrado. La manifestación estética y ética del carácter balines es la misma. Sus formalismos cotidianos son formalismos estéticos. Para el balines no hay diferencia entre la belleza natural y la belleza humana, social. Su cortesía extrema guarda un distancimiento teatral que protege el umbral sagrado. Su cohesión social, aunque aparentemente frágil, es más sólida por su alto grado de elaboración simbólica. La manifestación escénica, en danzas y teatros, como en rituales de trance, es preferente pues allí se envolucra la persona humana. La cultura encuentra una realización simbólica, comprometiendo su existencia. Bali parece haber llevado al extremo las consecuencias estéticas, de un principio ético. El sentimiento de fragilidad, ante la presencia de Rangda, suscita el sentimiento heróico de Barong, símbolo del balines común. En cada templo, en cada casa, está esculpido Barong como protector de los portales, las puertas y las entradas.
 
          El ritual balines se conserva en el origen mismo de la ritualidad humana, pero elaborado a través de una larga tradición. Su ingenuidad se equilibra con su refinamiento, entonces su acción conserva frescura y humor. La gravedad que produce el horror de Rangda, es disipada con el humor intrascendente de Barong, como si la enorme amenaza no importara, y Rangda sólo fuera una sombra proyectada sobre la tierra. Tras la representación balinesa, que día a día se celebra en toda la isla, se oculta la perla que guarda Barong.
 
          En 1980 conocí e I Made Pasek Tempo, maestro de Topeng, Barong, y otras danzas balinesas, originario de Tampaksiring. Fue mi maestro en International School of Theatre Antropology ISTA, en Bonn, Alemania; quien, con su familia, nos enseñaron principios de Topeng, y nos mostraron su interpretación de Barong. La magia del maestro Tempo para trasmitir y ejecutar su arte, me fascinó. El teatro balinés me apareció como el más extraño de los orientales. El límite extremo de su extrañamiento corporal: el equilibrio de pies y piernas, en una danza de oposiciones corporales, donde los codos van a la altura de las orejas, y las coyunturas de todo el cuerpo se flexionan, como un muñeco manejado por hilos invisibles. La energía que despliega el actor compromete todo su cuerpo. Aunque no hay gran despliegue físico, como en la Opera de Pekín, o ciertos teatros occidentales, el actor usa un alto grado de energia. Los movimientos, que van del pie, a la mano y a los ojos, sorprende por sus quiebres súbitos, repentinos, que sorprenden, cambian la percepción, y encantan al espectador. El juego corporal dirige la atención, tenzando el ritmo, al compás de las notas metálicas del gamelan, que irrumpe como una bandada de pájaros revoloteando.
 
          En el Barong representado por los balineses, en Bonn, en 1980, ocurrió algo inesperado: cuando la presentación estaba a punto de terminar, I Made Pasek Tempo entró en trance, y comenzó a danzar fuera de la partitura, de modo que los músicos dejaron de tocar, y se pararon para sacarlo del escenario en andas, levantado en vilo por cuatro hombres, hasta el camerino. El trance del Barong puede durar varios dias. Este duró tres. I Made Tempo estuvo en cama hasta el lunes siguiente.
         
          El Barong, como rito de trance, esta en el contexto de otras danzas de trance, tales como el Sanghyang, de ninfas celestes, niñas que danzan encima de la cabeza o los hombros de un adulto con los ojos cerrados; o caballos de fuego, danzantes sobre el fuego; el Kecak del Ramayana, danza colectiva, sentados en círculo extático; el Calon Arang versión de la bruja viuda Rangda. El Barong tambien se inscribe en el caracter ritualístico que tienen todas sus artes escénicas, y permite como rito y teatro, conservar la memoria ancestral, renovar la alianza cósmica, y perpetuar el significado de su concepción religiosa. La empatía escénica produce una catársis colectiva, con fundamento mitológico. Las imágenes y las formas, a través de las diversas artes, han alcanzado un alto grado de refinamiento estético, y de dominio técnico. La participación colectiva es la manera del ser comunitario, y de las relaciones sociales en Bali, donde prima lo tribal. Los textos del Ramayana y el Mahabaratha son las épicas preferidas para representar en danzas y teatros. La Danza del Ramayana, o Ballet Ramayana, derivada del Wayang Wong, ritual de varios dias, celebra el rescate de Sita, por el héroe Rama, ayudado por Hánuman, el rey de los monos. Y las historias del Mahabaratha, en particular el Bagavad Gita, son muy frecuentes en los escenarios de la isla. Su repertorio se compone, ademas, de historias locales, de guerreros, principes, o cómicos.
 
          La teatralidad balinesa proviene de sus rituales sagrados, y está intimamente relacionada con su ética, y su cortesia, a diferencia de la espectacularidad social de la sociedad de consumo, de puesta en escena del poder y de sus rituales nefastos de guerra y terror. La sociedad de consumo vive un proceso que podríamos llamar, no de puesta en escena, sino de puesta en vitrina. Para la venta de sus mercancias han instalado vitrinas en el atrio del templo. No es una ritualizacion sagrada, sino un fenómeno profano, donde lo escénico cumple el papel de vitrina, loci de venta. La espectacularidad que adquiere la sociedad de consumo falsifica la cohesion simbólica, religiosa, por la cohesión global, de libre mercado. Como toda sociedad, necesita de símbolos cohesitivos, y al carecerlos o haberlos perdido, los remplaza por el fetiche del oro, y taza su precio a ras de mercancia: cosas y hombres, maquinas y naturaleza, todo le parece igualmente tratable en la balanza del mercado, y cambiable en oro. Los indicadores sociales, se vuelven entonces indicadores económicos, y las diferencias sociales, diferencias económicas. Manda el oro, pero no el oro alquimico de antaño, sino el vulgar oro, que pasa a ser símbolo efectivo, de prestigio, poder adquisitivo (y de chantaje), de salud, de amor, y de fama. La materia ha remplazado al simbolo, y el oro, antaño sacrificial, se ha erguido en ídolo profano. En Bali, como en el extremo oriente, con la introducción de la sociedad de consumo han entrado estos problemas, propios del capitalismo neoliberal y poscolonial. Este nuevo modelo lucha contra la tradición. El borde, el limite donde se encuentran las culturas, muestra un hibrido antiestético, y antiético, hay que repetirlo, que corroe la simbología original, y la somete a un desafio mortal.
 
          Las divisas que reporta el turismo internacional, y el interés general por el arte y la cultura balinesa pone en riesgo su tradición, no solo porque cambia los verdaderos simbolos, por el fetiche del dinero y el mal gusto, sino porque desvirtua el sentido religioso de la cultura balinesa, y pone en vitrina lo que antes estaba puesto en escena.. De esta manera, muchos sectores de la juventud actual, olvidan sus tradiciones para sumarse a la masa del consumo.
 
          Sinembargo, el movimiento de resistencia cultural que este conflicto genera en Bali, ha dado muestras de un renacimiento, y un fortalecimiento de sus tradiciones artísticas. Los balineses han sabido sacar provecho de esta situación. Ciertos sectores turisticos quieren vender a Bali como un exótico flolklore, pero el balinés corriente sabe que los negocios son cosa muy diferente a la religión. La atracción foránea proviene de la facinación de sus rituales, y funciona como animal depredador, devorando a pedazos lo que puede, con gran interés. El poder del capital amenaza el patrimonio cultural, y lo que es peor, amenaza su consistencia religiosa, pues la corrupción invade todas las esferas de la sociedad. Bali no escapa a los problemas internacionales, y se ve sumada en el torbellino de los cambios actuales.
 
          Como en otro tiempo, ni pasado ni presente, una otredad que permanece, Bali, y sus maravillosas gentes tienen la suspicacia para saber que la raíz de su árbol es profunda, y que sus frutos duraderos. La simpatía de Barong, es la simpatía que despierta el balines, guardián de umbrales sagrados. El peligro de los umbrales degradados, profanados, en los grandes centros turisticos, es que trae la usura de los mercaderes, e instalan en los atrios de los templos su venta. Sinembargo Barong, guardían de la puerta sagrada de los veinte mil templos que hay en Bali, protege la isla de las constantes amenazas de la bruja Rangda, que en forma de babilónica figura, acecha en las playas de Kuta y Sanur.

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Parte del libro: "EL TEATRO DE LAS INDIAS".

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